Una enorme tela azul desplegada en el arco del presbiterio de la iglesia
de San Andrés recibe en Nochebuena a los fieles.
Tras ella se oculta el retablo barroco, ante el cual se levanta un
nacimiento costumbrista que, al parecer, data de finales del siglo XIX.
Cada año, antes de la misa del Gallo y al son de las castañuelas, el tambor,
la rasqueta (instrumento de madera con dientes, que se rasca con una caña) y
la flauta, se desvela el misterio y aparecen ataviadas con la vestimenta
tradicional las figuras en madera de pastores, leñadores, tejedora,
campesinos, aguadora, tonelero, hilandera.
Todos los oficios del campo palmero. De entre las montañas del paisaje que sirve de fondo surgen seis niñas vestidas de ángeles, cantando e invitando a los pastores a que vengan a adorar al Niño Dios.
Más tarde se les incorpora un joven, que representa a un arcángel, cantando y recitando unos versos, a los que responde uno de los pastores que se encuentra en la choza improvisada en el coro de la iglesia, que está totalmente cubierta de fayas (la faya es un árbol muy frondoso, de gran altura).
Vestidos a la manera tradicional, los pastores comienzan a salir desde allí y van dirigiéndose lentamente hasta el nacimiento cantando, acompañados de guitarras, timples, bandurrias y violín, el villancico Las Glorias del Edén, conocido también por Vamos, pastores, vamos. Ya delante del nacimiento, pastores y músicos suben hasta el portal para depositar ante el Niño ofrendas (una manta de lana, naranjas, miel, palomas y hasta un cordero) descritas en sus versos.
Auto de Reyes Magos. Garafía
Las pequeñas calles de Santo Domingo se llenan la noche del 5 de enero
de chiquillos a los que el corazón les late de emoción y de nervios.
Acompañados de pajes ricamente vestidos, los tres Reyes Magos aparecen por una de las vías principales dialogando entre sí hasta que se encuentran con Herodes en su palacio, quien les intimida para luego demandarles que regresen con noticias de la búsqueda del Niño Dios. El cortejo de Oriente se dirige entonces a la iglesia, donde se les aparece en sueños un ángel, invitándoles a adorar a Jesús, a quien entregan sus ofrendas. Después, los tres Magos deciden no regresar al palacio de Herodes; a partir de ese momento, la representación continúa con el canto de villancicos y una danza de cintas en el interior de la iglesia.
La influencia de este auto de Reyes magos garafianos se deja sentir claramente en otras representaciones similares de Canarias.
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